Pienso en el final

No voy a decir la verdad, no puedo decir la verdad; si lo hiciera sabrías que se cosas que no quiero que sepas que se. Constantemente estoy pensando en la muerte, no en un sentido macabro o tenebroso, es algo más reflexivo; tiene más que ver con el concepto, no de la muerte en sí, de su significado para la vida. La muerte como un hecho concreto que marca un cambio, un cambio a veces abrupto, otras esperado, pero siempre contundente y definitivo. Sería más apropiado decir que pienso en el final; de la vida, las ideas, la presencia de una persona, su voz, sus opiniones, sus miedos y anhelos.

No soy una persona religiosa, a pesar de que fue lo que se me enseñó a ser, tampoco es que rechace las religiones, quizás algunas de sus prácticas e ideas no me parezcan correctas, pero siempre y cuando las mantengan dentro de su mismo circulo no tengo ningún problema, yo mismo he llegado a participar en distintos eventos de varias religiones. De niño se me enseño el catolicismo; hice mi primera comunión, catecismo y todo, pero siempre existió en mi esa parte agnóstica de poner en duda todo lo que se decía, principalmente porque las enseñanzas religiosas eran constantemente contradictorias a verdades que yo había aprendido en otros sitios. Balancear dos versiones las historia, una que he visto en documentales y libros contra una que me contaban en un pequeño salón junto a la capilla local, usando como recurso el gran libro del que todo el mundo habla y todos excepto yo parecían haber leído, podría generar una inclinación hacia la versión que labraba sus verdades en templos y catedrales, pero había algo en lo deslumbrante e imponente de la iconoclasia y el mito de la religión que lo hacía inverosímil. Las costumbres y rituales religiosos, como la primera vez que en la familia cristiana de mi papá escuche una oración para bendecir los alimentos antes de comer, eran para mi dinámicas que si bien significativas no dejaban de ser una especie de juego. Era, aunque ingenuo, perspicaz y escéptico respecto al tema. ¿Porque si Max Steel era ficción Jesucristo era real? Me parecía más lógico el concepto de la acción turbo, explicada de forma semi científica para niños; a que solo por conjuro divino el agua se podía convertir en vino. Al final ninguna era para mi más que una historia fantástica con moraleja y nada más.

Por otro lado, existe cierta inconsistencia en esa lógica cuando hablamos de la astrología, al menos así lo han hecho ver algunas personas, ya que, si bien no creo en la divinidad de un ente creador, si pienso que géminis y escorpio es una mala combinación. Me parece difícil de explicar esta parte, porque para mí tiene más sentido en un contexto social, de niño creía que el zodiaco tenía más que ver por la época del año en la que habías nacido que con la posición de los astros. Tal vez al no tener un rostro como tal me compre más la idea de los signos porque me gustaba ser géminis y que eso significara dualidad, moldeable y adaptable, el claro oscuro en su máxima expresión.

Soy consciente de que manifestar no es más que rezarle al universo, pero justifico más esta idea porque no requiere de ir a ningún templo y como tal no hay alguien beneficiándose de ello directamente. Como sea tampoco lo hago, pero me gusta pensar que existe cierta energía karmatica que te devuelve lo que das no porque así lo quiera el universo sino porque tu instinto y un poco de moralidad dentro de ti lo reclama así.

Entonces cuando alguien me pregunta en que creo o si creo en algo, no tengo ningún problema en responder que no creo en nada. Desde que tenía doce años comencé a considerarme ateo, eventualmente me replanteé como agnóstico, ahora tal vez podría decir que soy un agnóstico ateo, ya que no puedo comprobar o negar la existencia de un dios, a falta de fe ciega entonces no creo en ello. Algo así como el dicho ver para creer. ¿Después alguien te pregunta, ¿cuándo mueras a donde crees que iras? A ningún lugar.

Cuando digo que constantemente estoy pensando en la muerte no me refiero a que pasa después de la muerte, si iré al cielo o al infierno, cual de estos será la verdad, si es que me convertiría en un fantasma o mi alma va a reencarnar en algo/alguien más. La muerte para mí no es un eterno descanso o una nueva vida, es simplemente el final. A la mayoría de las personas les cuesta creer que sea tan fácil, que no haya algo más allá, pero al menos a mí me hace perfecto sentido, la respuesta es tan simple que todo el mundo quiere que sea más elaborada; pero la realidad, para mí, es que cuando uno muere ya no hay más.

Es reconfortante de cierto modo saber que es así, o si lo prefieres, creer que es así. Le da más fuerza y significado a la vida, convierte su estructura en un enigma de fragilidad y con un peso inconmensurable en el gran plano de lo terrenal. La muerte no tiene por qué ser un acto de transición, puede ser simplemente el final de la vida sin más ni más. No estoy seguro de en qué momento fue que acepte esta como verdad, pero es algo que no me preocupa, tal vez solo quisiera poder asegurarme de vivir tantas cosas como me sea posible. Antes soñaba con ser inmortal solo por poder ver cómo será el futuro.

Ayer por la tarde me volví a hacer la perforación que se me había cerrado hace tres años, después de una operación, fue curioso porque de algún modo me hizo recordar esa época de mi vida; no lo hice con esa intención, en realidad solo fue porque el disfraz que planeo usar este Halloween tiene dos aretes y me faltaba uno. Si tuviera ese nivel de compromiso con otros aspectos de mi vida quizás sería más fácil. Lo menciono porque principalmente me parece un buen ejemplo de esa camaleonisidad que, al menos para mí, representa el géminis en que llevo. Me gusta creer que soy más de una persona y todas a la vez, aunque mi psicóloga me digo que no tiene nada que ver con un desorden de personalidad.

Creo que me he extendido demasiado, así que espero que no esté mal. Me preocupa un poco que nada de esto tenga sentido, después de todo dije que no diría la verdad, aunque me alegra haber llegado al final, es algo en lo que no he podido parar de pensar.

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